Maria da Penha - Ella no se calló

Entrevista

Maria da Penha - Ella no se calló

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La Iglesia Adventista del Séptimo Día desarrolla, hace más de ocho años, una cam-paña contra la violencia doméstica, llamada “Rompiendo el Silencio”. Este tipo de violencia alcanza a los bebés y a los niños, a los ancianos, a las mujeres y hasta a los hombres. Sin embargo, las estadísticas indican que la mujer es la gran víctima de la violencia. Generalmente, las mujeres maltratadas derraman lágrimas silenciosas por causa del sufrimiento que se origina en un lugar inesperado: el propio hogar.

Maria da Penha, ella no se calló

Con todo, una mujer como tantas otras, llamada María, decidió cambiar la si-tuación. María da Penha Fernandes, bioquímica y farmacéutica, oriunda de Ceará, República del Brasil, es madre de tres hijas. Ella quedó parapléjica a raíz de un tiro disparado por su ex marido, el economista colombiano Marcos Antonio Heredia Viveros. Al ser víctima de dos intentos de homicidio a manos de su marido, María decidió marcar la diferencia. En esta entrevista, concedida a la periodista Marcia Ebinger, podrás conocer un poco el perfi l de esta mujer y las conquistas que logró gracias al coraje que demostró.

Rompiendo el Silencio: ¿Cómo y cuándo conociste a tu ex esposo? Él ¿siempre fue violento?

María da Penha: Estaba estudiando un posgrado en la Universidad de San Pablo cuando conocí a Marcos Antonio Viveros. Él era una persona con habilidades para crear grupos, muy afable y querida por todos. Durante los primeros años de matri-monio, continuó siendo así. Poco tiempo después del nacimiento de nuestras dos primeras hijas, consiguió la naturalización brasileña, y fue entonces cuando comen-zó a manifestarse su verdadera cara.

RS: ¿Cuál fue tu reacción?

MP: Al principio, quedé descolocada. Es lo que sucede con la mayoría de las mujeres: tú conoces a una persona y, de repente, cambia. En ese momento, gene-ralmente nos bloqueamos, y comenza-mos a pensar que estamos haciendo las cosas mal. Empezamos a creer en la narrativa del agresor, como por ejem-plo: “Tú no sirves ni para ser un ama de casa”. Comenc�� a tener miedo de los gritos, empecé a evitar las situacio-nes que ocasionaban discusiones. Aun así, no había manera de evitarlo, pues las agresiones comenzaron a ocurrir sin causa ninguna, incluso sobre nuestras hijas. De paso, es importante destacar que nada debería motivar una agresión. En una relación de a dos, deber haber diálogo y respeto mutuo.

RS: Hace algunos años, cuando no había legislación específica, ¿cómo era la vida de una mujer que sufría lo que tú sufriste?

MP: En realidad, no había nada. Los con-sejos eran del tipo: “Malo con él, peor sin él”. La conversación, en aquel tiempo,
era: “Si él no bebe, no te hace faltar nada, no sale de farra; entonces ¿de qué te que-jas? ¿Solamente porque él es nervioso?” Ante la sociedad, un hombre así es consi-derado un marido tolerable y bueno.

RS: ¿Cómo era el tratamiento ofrecido a las mujeres agredidas?

MP: Generalmente, cuando las mujeres llegaban a las comisarías, oían la frase: “¿Y qué hizo usted para merecer eso?” Inevitablemente, cuando una mujer iba a denunciar al agresor, era humillada. Las agresiones hacia mi persona comenza-ron en 1983. En ese entonces, no había una comisaría exclusiva para atender a mujeres maltratadas. Estas dependen-cias se crearon recién en 1985. En mi caso, el agresor simuló un asalto y me disparó un tiro mientras yo dormía. A raíz de eso, quedé parapléjica. Después de cuatro meses de internación, él nue-vamente intentó matarme por medio de una descarga eléctrica en la ducha. A Marcos lo juzgaron y condenaron dos veces, y salió del juzgado libre, en las dos ocasiones. Sentí una frustración y una rebeldía inmensas.

RS: La justicia ¿era lenta en esos casos?

MP: En mi caso, la primera condena sucedió ocho años después del hecho. En aquel entonces, un grupo de muje-res se estaba movilizando en contra de la violencia doméstica en mi ciudad, en el Estado de Ceará, República del Brasil. Después de eso, resolví escribir el libro Sobreviví, puedo contarlo. Allí detallé el proceso, la investigación policial, las contradicciones de él y otros cuestiona-mientos. Considero este libro una especie de “carta de emancipación”.*

RS: ¿Cómo fue que la República del Bra-sil fue condenada por la Organiza-ción de Estados Americanos (OEA) con relación a este asunto?

MP: Dos Organizaciones No Gubernamen-tales (ONG) importantes, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Río de Janeiro) y el Comité Latinoamericano de Defensa de la Mujer (San Pablo), se ente-raron de mi historia por medio del libro que escribí. Las dos ONG y yo denuncia-mos a la República del Brasil, ante la OEA, por la negligencia con la cual se trataba a los agresores en este país. Basada en eso, la OEA condenó inter-nacionalmente a la República del Brasil y le entregó un documento oficial con objetivos para ser cumplidos como país. Por ejemplo, se le obligó a concluir la investigación de mi caso antes de su prescripción. Tuvieron que apresar al agresor y cambiar las leyes penales, a fin de que no se repitieran más casos de violencia doméstica sin condena.

RS: ¿Cómo surgió la Ley 11.340, también llamada “Ley María da Penha”?

MP: La Presidencia de la República creó la Secretaría de Políticas, la cual convocó a las ONG que trabajaban a favor de las mujeres víctimas de violencia doméstica. Se orga-nizó un consorcio de ONG, con asesores y juristas. Se hicieron todos los esfuerzos posi-bles para lograr que las mujeres no vieran impunes a sus agresores. Este Proyecto de Ley fue presentado a veinte asambleas legislativas del país y se modificó de acuerdo con la realidad de cada región. En agosto de 2006, el presidente de la República sancionó la Ley 11.340, la “Ley María da Penha”. Esa ley expresa lo que el país necesita en materia de violencia doméstica, aplicable en todos los Esta-dos brasileños.

RS: ¿Por qué la ley recibió su nombre?

MP: Mi caso sobre violencia doméstica fue el primero en llegar a la OEA y, entre las recomendaciones que la Organiza-ción entregó a la República del Brasil, constaba que se me debía otorgar una reparación simbólica por lo sucedido. Entonces, decidieron colocarle mi nom-bre a esta nueva ley.

RS: Básicamente, ¿qué fue lo que cambió con la creación de la Ley María da Penha?

MP: En el pasado, cuando la mujer denunciaba ante la policía un maltrato, las comisarias se sentían impotentes, porque no tenían nada para hacer. Como máximo, registraban la queja, llamaban al agresor, conversaban con él y le pedían que no lo hiciera más. El agresor prometía que se iba a comportar bien y, cuando volvía a su casa, le daba una paliza aún más fuerte a su mujer. Hoy en día, esta mujer puede salir de la casa con los documentos de sus hijos en las manos, llegar a la comisaría, decir que no están dadas las condiciones para que ella vuelva a la casa, y entonces se le proveen todas las medidas de protección. La fuerza policial concurre hasta el domi-cilio con la orden de desalojar al agresor y, si hay desacato, el agresor queda dete-nido. En casos de violencia doméstica, la prisión puede ser inmediata.

RS: ¿Qué otras iniciativas conoces en rela-ción con la protección de la mujer?

MP: La misma ley determina la creación de casas de refugio, que son lugares secretos donde el juez o la comisaria envían a la mujer agredida. Allí, duran-te un tiempo, se protege a ella y a sus hijos menores. En ese período se toman todas las medidas de protección, que involucran hasta una posible mudanza. También se crearon los Centros de Refe-rencia, donde todas las mujeres pueden enterarse de sus derechos.

RS: En caso de agresión, ¿cuál es el primer paso que debe dar una mujer?

MP: Debe ir a la comisaría. Pero, si no se siente segura para hacer eso, debe ir a un Centro de Referencia, para tomar conciencia de sus derechos.

RS: ¿Qué es el Instituto María da Penha?

MP: Es una entidad que se está creando en coparticipación con la Universidad de Pernambuco. Con la ayuda de una profesora universitaria, vamos a tratar peda-gógicamente todos los ítems de la ley. Tenemos proyectos para visitar escuelas, empresas, etc.

RS: ¿Cómo luchas a diario con esta expe-riencia dolorosa del pasado?

MP: Superé todo eso porque Dios no per-mitió que mis hijas quedaran huérfanas de madre. Cuando sentí que estaba por morir, le pedí a Dios que me mantuvie-ra viva, sin importar las condiciones, a fin de poder cuidarlas. Creo que ese es el sentimiento que mueve a las mujeres cuando piensan que los hijos corren el peligro de quedar en la orfandad.

RS: ¿Qué mensaje les dejarías a las muje-res que enfrentan el problema de la violencia y aún no tuvieron el coraje de manifestarlo?

MP: Tú, mujer, necesitas saber que tienes el derecho de vivir sin violencia. Por otro lado, como madre, necesitas educar bien a tus hijos. Necesitas crear una cultura de paz en el mundo, y la paz comienza dentro de tu casa.

** Esta carta hace referencia a una carta que se le otorgaba a un esclavo, firmada por su “amo”, cuando obtenía la libertad. Este documento le permitía demostrar su condición y transitar libremente en un territorio donde aún reinaba la esclavitud. –Nota del editor.