La Campaña 2021

HOGAR PROTEGIDO 

 

A causa de la pandemia que afectó nuestro planeta, tuvimos que adoptar el distanciamiento social como principal estrategia para reducir la transmisión del nuevo coronavirus. Uno de los efectos colaterales de esa medida fue una mayor incidencia de problemas emocionales como el miedo, la ansiedad y el estrés; que ya afligían a la sociedad en general, pero que se han vuelto más intensos en muchas familias.

Lamentablemente, esos efectos emocionales no fueron la única consecuencia de la crisis sanitaria actual. Las estadísticas nos revelan otra pandemia, más silenciosa o silenciada, es cierto, pero que también debemos enfrentar. Hablo de la violencia que se practica en casa contra los grupos vulnerables, como los niños, las mujeres y los ancianos. Este drama social se agravó en función del confinamiento, pues puso a agresores y a víctimas a convivir más tiempo bajo el mismo techo.

Si pocas personas se interesan por esta causa, este triste escenario no va a cambiar. Es necesario que seamos conscientes de que somos corresponsables por el bienestar de quienes están cerca de nosotros; sobre todo, nuestra familia. Al ser consecuentes de esta forma en casa, iniciamos un proceso de transformación, pues la familia es la base de la sociedad. El hogar es el primer y más importante espacio de socialización de los hijos. Allí ellos aprenden, por medio del diálogo y de la formación de un vínculo de confianza, a desarrollar habilidades para vivir en sociedad como adultos que respetan al prójimo.

Recordemos, también, que otros actores sociales son importantes para la formación de los ciudadanos: las instituciones educativas y religiosas, por ejemplo. Por eso, cuando la familia, la escuela y la iglesia se unen tras un mismo propósito, aumentan las probabilidades de que algo positivo ocurra.

Frente a este momento sensible que estamos viviendo, la revista Basta de Silencio de 2021 rescata y republica una versión actualizada de artículos utilizados en las últimas cinco ediciones del proyecto. El punto en común de estos materiales es la protección de la familia. En un contexto en el que mucha gente ha reflexionado sobre la propia supervivencia, ya sea debido a la amenaza del virus o a causa del impacto económico, social y político de la Pandemia, no podemos olvidar a aquellos que están en situación de mayor vulnerabilidad. Ayudar a proteger a los niños, los adolescentes, las mujeres y los ancianos contra la violencia doméstica ha sido el objetivo de esta campaña de la Iglesia Adventista del Séptimo Día desde hace casi veinte años. Pero, para que esto ocurra, necesitamos que se sumen otras manos. ¿Podemos contar con las tuyas?