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Eternos enamorados

En una conversación con Eliane Melo, entendemos cómo envejecer juntos también implica aprender nuevas formas de vivir la sexualidad, la intimidad y la conexión dentro del matrimonio.

El envejecimiento de la población ya es una realidad en toda Sudamérica y, con él, también envejecen las relaciones. En 2022, Brasil ya tenía más de 32 millones de personas de 60 años o más, lo que equivale al 15,6 % de la población. La expectativa de vida en el país también sigue aumentando y alcanzó los 76,4 años en 2023. En países como Chile, Uruguay y Argentina, los índices son aún más altos, reflejando una tendencia regional de envejecimiento poblacional.

En la práctica, esto significa que muchos matrimonios vivirán décadas más allá de la jubilación. Por eso, pensar en salud, afecto y calidad de vida en esta etapa también implica hablar sobre bienestar sexual. “Envejecer no significa dejar de desear, amar, tocar, pertenecer y construir intimidad”, afirma la psicóloga, fisioterapeuta pélvica y sexóloga cristiana Eliane Melo. Conversamos con ella sobre los cambios físicos y emocionales que acompañan el envejecimiento y transforman la manera en que las parejas viven la sexualidad a lo largo de los años, y sobre cómo el matrimonio puede seguir siendo un espacio de intimidad, placer y complicidad en esta etapa de la vida.

BdS: Existe la idea de que la sexualidad desaparece con la vejez y, por eso, este tema casi no se discute. Pero ¿qué muestran los estudios sobre la vida sexual de los adultos mayores?

Eliane: La idea de que las personas mayores son “asexuadas” es un mito social. El problema es que todavía existen muchos tabúes relacionados con la vejez, el cuerpo, el placer y el envejecimiento. La sociedad suele infantilizar a las personas mayores o verlas únicamente desde la perspectiva de la enfermedad, ignorando que siguen siendo seres afectivos y sexuales. Los estudios muestran que la actividad sexual puede disminuir con la edad, pero no desaparece. Una investigación clásica publicada en el New England Journal of Medicine, por ejemplo, encontró actividad sexual en el 73 % de las personas entre 57 y 64 años, en el 53 % de quienes tenían entre 65 y 74 años y en el 26 % de las personas entre 75 y 85 años. Otro estudio, realizado con adultos de entre 65 y 80 años, mostró que el 40 % era sexualmente activo y que el 76 % consideraba que el sexo era importante dentro de las relaciones románticas.

BdS: ¿Qué perjuicios pueden causar estos mitos y tabúes?

Eliane: Pueden hacer que muchas personas se sientan inadecuadas o tengan vergüenza de hablar del tema. Esto puede generar sufrimiento conyugal, aislamiento, falta de tratamiento para las disfunciones sexuales e incluso una menor búsqueda de prevención de ITS. La propia OMS advierte que las personas mayores pueden ser más vulnerables a las infecciones de transmisión sexual debido a los cambios fisiológicos, a la baja percepción del riesgo y al menor uso de preservativos. Por otro lado, creo que el envejecimiento de la población debe abrir cada vez más espacio para discutir este tema de manera más saludable y con menos tabúes.

BdS: ¿Cuáles son las principales transformaciones que pueden impactar la intimidad en esta etapa?

Eliane: En las mujeres, los cambios comienzan principalmente con la menopausia, que provoca una reducción hormonal y puede causar resequedad vaginal, dolor durante la relación sexual y disminución de la libido. Además, el propio proceso de envejecimiento puede impactar negativamente la autoimagen. En los hombres, pueden surgir alteraciones en la erección, reducción de la testosterona, mayor tiempo de respuesta sexual e impactos relacionados con enfermedades crónicas o con el uso de medicamentos.

BdS: ¿Es posible adaptarse a estos cambios?

Eliane: ¡Claro! Ninguno de estos cambios significa el fin de la vida íntima; significa que la pareja necesitará hacer adaptaciones. En esta etapa, el acompañamiento ginecológico y urológico se vuelve muy importante, así como el uso de lubricantes para brindar mayor comodidad durante la relación sexual. La fisioterapia pélvica también contribuye directamente al buen funcionamiento del suelo pélvico, favoreciendo la erección, la lubricación y el placer. Además, la actividad física, la revisión de medicamentos, los cuidados de la salud cardiovascular y el diálogo conyugal marcan una gran diferencia.

BdS: En cuanto al aspecto emocional, ¿qué cambia dentro del matrimonio a lo largo de los años?

Eliane: La sexualidad en la vejez está profundamente atravesada por la historia de esa pareja y también por los conceptos culturales que ambos cargan. Heridas acumuladas, falta de admiración, vergüenza del cuerpo, duelo, miedo al rechazo, creencias religiosas distorsionadas, experiencias de infidelidad o incluso años de comunicación insuficiente sobre el tema pueden impactar directamente el deseo. Por otro lado, las parejas que cultivan la amistad, el respeto, el diálogo y la seguridad emocional tienden a preservar mejor la intimidad. Con el paso del tiempo, la sexualidad puede dejar de estar ligada únicamente a la intensidad y a la frecuencia, y pasar a funcionar mucho más como un lenguaje de pertenencia.

BdS: Todavía existe una idea muy fuerte de que la sexualidad pierde importancia con el paso de los años, especialmente para las mujeres. ¿Qué muestra su experiencia clínica al respecto?

Eliane: Mi experiencia muestra que eso no ocurre necesariamente. Muchas veces, lo que aparece en la vejez es un reflejo más intenso de la manera en que esa mujer ya veía su propia sexualidad a lo largo de la vida. Si esta dimensión nunca tuvo demasiada importancia, eso tiende a intensificarse. Pero, cuando la sexualidad ya ocupaba un lugar de placer, la vejez puede convertirse justamente en una etapa de mayor libertad y profundización. También existen muchas creencias distorsionadas en torno a la mujer y al envejecimiento: la idea de que el sexo es cosa de jóvenes, de que el cuerpo necesita estar “perfecto” o de que el placer femenino es secundario. Todo eso pesa bastante en esta etapa. Sin embargo, cuando existe contención, psicoeducación y seguridad dentro del matrimonio, muchas mujeres terminan redescubriendo la intimidad de una manera más madura, libre y consciente.

BdS: ¿Existen aspectos de la intimidad en esta etapa de la vida que incluso puedan ser más positivos que en la juventud?

Eliane: Sí. En la madurez, muchas parejas tienen menos prisa, menos preocupación por un embarazo, más conocimiento de su propio cuerpo y más claridad sobre lo que les gusta o no les gusta. La intimidad puede volverse más afectiva, porque la pareja siente menos necesidad de “demostrar” algo y dirige más su atención a las sensaciones y al bienestar. Cuando la pareja ha pasado la vida juntos y decide seguir invirtiendo en esta dimensión, el sexo pasa a estar marcado por la memoria y la conexión que han construido a lo largo de los años.

BdS: ¿Cómo alcanzar esa realidad? ¿Qué hacer para que el matrimonio siga siendo un espacio saludable de intimidad a lo largo de los años?

Eliane: Es necesario proteger la intimidad con información de calidad y con una vivencia placentera a lo largo de toda la vida. Eso implica leer buenos libros y artículos, ver contenidos producidos por profesionales capacitados, conversar sobre el deseo, cuidar el cuerpo, mantener momentos a solas, no reducir el matrimonio únicamente a los roles de padres, abuelos o cuidadores, preservar la admiración y aprender a adaptar la vida sexual a las diferentes etapas de la vida. Una sexualidad saludable en la vejez comienza mucho antes de llegar a ella. Comienza en la manera en que la pareja enfrenta hoy los conflictos, las heridas, la comunicación, el contacto físico, el afecto y el compañerismo.

BdS: Y para las parejas que sienten que esta área fue quedando de lado con el tiempo, ¿Por dónde se puede volver a empezar?

Eliane: Creo que el primer paso es recuperar los sueños iniciales que existían en relación con esta área. Todo ser humano, en algún momento, imaginó vivir una vida sexual feliz. Cuando la pareja mira esos sueños y los elementos que formaban parte de ellos, logra percibir lo que se construyó y lo que todavía necesita cambiar. Este nuevo comienzo pasa por una conversación honesta, pero sin acusaciones. Preguntas como “¿qué extrañas?”, “¿qué sigue siendo posible para nosotros?” y “¿cómo puedo acercarme sin presionarte?” pueden abrir caminos muy importantes.

Después, es fundamental retomar pequeños gestos: el contacto físico, los besos, los elogios, el tiempo juntos, el cuidado de la apariencia y los momentos de privacidad. Y, si existe dolor, ausencia de deseo, disfunción eréctil o bloqueos emocionales, la pareja debe buscar orientación profesional. Recomenzar no significa volver a ser joven, sino construir una nueva forma de intimidad que sea digna y verdadera.

BdS: Finalmente, ¿por qué es importante comprender que existe un espacio para hablar sobre sexualidad en la vejez desde una perspectiva cristiana?

Eliane: Porque fue Dios mismo quien creó al ser humano con el potencial de vivir esta dimensión de manera saludable y feliz. El matrimonio cristiano no es solo convivencia funcional. También implica placer sexual dentro del pacto, cuidado, entrega, honra y unidad. La sexualidad, cuando se vive con respeto, amor y fidelidad, no necesita ser tratada como algo vulgar, sino como una dimensión legítima del vínculo conyugal. Una mirada cristiana saludable no niega el cuerpo; le da sentido, responsabilidad y valor dentro del pacto matrimonial. Hablar sobre esto también es una forma de proteger los matrimonios, combatir vergüenzas innecesarias y reafirmar que envejecer no le quita a la pareja el derecho al placer. La propia Biblia presenta ejemplos de hombres y mujeres que vivieron su sexualidad también en la vejez. Cuando entendemos los propósitos de Dios para esta área, podemos vivirla de una manera más ligera, saludable y feliz.

Fuentes: