Un futuro sin violencia

Deténgase por algunos segundos y piense en cómo sería vivir en un lugar sin violencia. ¿Logró imaginarlo? Aunque estar en un mundo permanentemente seguro sea el sueño de mucha gente, pocos son los que logran imaginarlo.

Así como yo, creo que usted con frecuencia se depara con innumerables historias de personas que sufrieron algún tipo de agresión. Infelizmente, en casos extremos, una parte de esas personas llega a perder la vida. Y muchas son mujeres: amas de casa, empleadas domésticas, profesoras, empresarias y médicas que soñaban con una vida mejor, con una realidad que ya no podrán ayudar a construir.

No es novedad que la violencia, ya sea física, moral, sexual o simbólica, estuvo afligiendo a la sociedad a lo largo de los siglos. Aun con todo el desarrollo social, educativo y tecnológico, ese es un problema que todavía no logramos resolver. Y hoy, más que nunca, hemos vivido días que parecen cada vez más atemorizantes, repletos de episodios que nos llevan a temer la crueldad humana.

Uno de esos males se conoce por una palabra que, infelizmente, se ha tornado familiar en nuestro vocabulario: feminicidio. Por detrás de este término encontramos el asesinato de mujeres, motivado por el género de las víctimas. La palabra, al ser utilizada en esta revista, se refiere exclusivamente a un crimen previsto en la ley. Nosotros simplemente no podemos aceptar ese tipo de violencia, ni cualquier otro.  Por esa razón ampliamos el debate y queremos hacerle reflexionar sobre la protección y la concientización.

Aunque existan leyes para combatir las agresiones de esa y de otra naturaleza, todavía hay mucho por hacer para cambiar mentalidades y comportamientos. Por eso usted y yo necesitamos creer que es posible vencer toda y cualquier manifestación de agresividad, así como también el dolor que genera.

Además, debemos pensar en llevar a cabo acciones educativas y preventivas con niños, desde sus primeros años de vida. Para que los adultos del futuro sean respetuosos, defensores unos de otros y sepan dar un inestimable valor a la vida, ese proceso debe iniciarse aún en la infancia. Por eso, disponemos de materiales específicos para los niños, tanto en la versión impresa como en la digital.

Tal vez, usted todavía no logre tener una imagen clara de una realidad sin violencia, pero pequeños actos pueden hacer la diferencia. Pensando en esto, la campaña Basta de silencio es una herramienta para ayudar a transformar vidas y mostrar que las relaciones humanas pueden ser felices y satisfactorias. Por eso preparamos el contenido que usted encontrará en las siguientes páginas. Créalo:

“Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5).

MARLI PEYERL es educadora y coordinadora de la campaña Basta de silencio en América del Sur